Mises y la imposibilidad científica del socialismo

Luis Torras
6 min readMar 25, 2017

Este año se cumple el primer centenario de la Revolución de octubre de 1917 que derrocó el gobierno provisional de la incipiente República rusa que había echado andar a duras penas tras la abdicación en marzo del último zar Nicolás II. En 1920, en pleno apogeo de la Guerra Civil entre bolcheviques y el resto del país, el economista austríaco, –de patria y pensamiento–, Ludwig von Mises publicaba el artículo seminal “Economic Calculation in the Socialist Commonwealth” en donde de manera sucinta demostraba la imposibilidad científica del cálculo económico en una economía planificada: sin competencia por los recursos, defendió Mises, sin propiedad, resulta imposible una eficiente inversión de los mismos. Dos años después, coincidiendo con la constitución oficial de la URSS, Mises escribía una de sus obras más notables: Socialismo. Análisis económico y sociológico.

En esta obra monumental, el pensador austríaco realiza una pormenorizada crítica al socialismo desde un punto de vista económico, social, y moral. El sistema socialista consistente en la colectivización de los medios de producción, la eliminación de la propiedad, en mayor o menor grado, y la instauración de un orden económico basado en el intervencionismo del Estado en todas las esferas de la vida económica y social. Una cosmovisión del mundo que fue la corriente dominante en Europa y el mundo durante buena parte del siglo XX y que Mises experimentó en primera persona.

Socialismo de Ludwig von Mises se publicó en 1922, el mismo año en el que se proclamó de forma oficial la URSS.

Durante la Primera Guerra Mundial, Mises sirvió como capitán de artillería siendo testigo directo de la derrota de su patria. Este episodio confirmó muchas de sus críticas que ya había desarrollado desde muy joven a los excesos nacionalistas que habían caracterizado los años previos a la contienda y que él asociaba al debilitamiento social y económico de su país. Más tarde, sufrió en propia piel la persecución nazi, por su doble condición de judío y librepensador, y la del KGB soviético después, teniendo que emigrar a Estados Unidos en 1940.

La obra y vida de Ludwig von Mises están marcadas por su compromiso con la búsqueda de la verdad científica. Mises responde al arquetipo que inmortalizó Ayn Rand ​en el personaje de Howark Roark de El Manantial, –novela que entusiasmo a Mises – , ejemplo de coraje intelectual y moral inquebrantable. Mises nunca se dejo tentar por la fama fácil que otorga la espectacularidad de promesas irrealizables y cargadas de falsas expectativas que conducen a la servidumbre de la inflación, los impuestos y regulaciones superfluas y excesivas.

Crítica al socialismo

La ciencia no únicamente consiste en buscar la verdad, también tiene la obligación de desenmascarar errores y falacias. Socialismo es un ejemplo de esto último y resulta un ejemplo destacado del rigor científico del autor que desarma uno por uno los argumentos colectivistas del credo socialista a partir del individualismo metodológico. El libro consta de cinco partes que pueden leerse como libros independientes. Su punto de partida es la importancia de la propiedad y su relación con la cooperación pacífica o, en su ausencia, la inevitabilidad del uso coercitivo del poder y de la violencia. A continuación, Mises expone los fundamentos del socialismo y su imposibilidad para operar y se analiza la supuesta “inevitabilidad del socialismo”, uno de los credos que defendió Marx. La obra también incluye una reflexión sobre la dimensión moral y ética del socialismo y su relación con los orígenes del cristianismo –el comunismo ni empieza con Marx ni, por desgracia, acaba con von Mises (ni siquiera con la caída del Muro de Berlín) – . Por último, el autor destaca y pone en valor la importancia central que tiene la batalla de las ideas para la salvaguarda de una sociedad libre y abierta, un elemento clave y transversal en la obra misiana. El libro cuenta también con un apartado final con las conclusiones y un epílogo, célebre, en donde el pensador austríaco señala el carácter antidemocrático del intervencionismo.

El marcado carácter científico de Socialismo contrasta con la inconsistencia teórica del marxismo. En su impotencia por desarmar la lógica del liberalismo clásico, el marximos tuvo que acudir a los excesos de la retórica; hoy hablaríamos de post-verdad. Marx ni siquiera supo acabar su gran obra El Capital. Por ejemplo, en su crítica al socialismo, Mises desarrolla el concepto de polilogismo para referirse a la tesis marxista que defiende que diferentes grupos razonan de manera distinta. Huelga decir que ningún pensador marxista hasta la fecha ha podido razonar dichos postulados con un mínimo de solvencis. El polilogismo de clases marxista dio pie al polilogismo de razas Nazi, y también lo encontramos en la base del razonamiento de todos los movimientos nacionalistas.

Dos gigantes de la defensa de las libertades: Ludwig von Mises y F.A. Hayek, ambos vivieron en primera persona los horrores de la Gran Guerra, el nazismo y el comunismo.

Como en el resto de la obra del pensador austríaco, Socialismo se edifica sobre una visión holística de la acción humana y una refutación frontal al dualismo artificial que pretende diferenciar entre la acción egoísta o altruista, como asumen todavía hoy el grueso de pensadores sociales, o como sucede cuando economistas y politólogos quieren diferenciar entre racional e irracional. A menudo en estos planteamientos se ignora el carácter subjetivo de la acción, –presente en el individualismo metodológico– , donde la cooperación voluntaria las acciones de uno no están en conflicto con las del otro sino que tienen que necesariamente disciplinarse a las acciones de los demás.

La obra de Mises resulta demoledora en todos los aspectos y constituye de alguna manera el tercer acto de un debate intelectual más amplio, importantísimo, entre lo individual y lo colectivo. En tiempos modernos, este debate empieza con la crítica de Carl Menger (fundador de la Escuela de Viena) a la escuela historicista alemana (Schmoller y Wagner, que luego serás dos de los dos grandes pilares intelectuales del nazismo). El segundo acto vendrá de la mano del díscipulo más notable de Menger, Eugen von Böhm-Bawerk que será el primero en hacer una crítica al marxismo aunque sea de manera parcial y no tan completa como la que desarrollará con posterioridad Mises.

Mises edificó su gran obra sobre la base del pensamiento de Menger y Böhm-Bawerk. La gran conquista de este tercer acto es la demostración de la imposibilidad científica del cálculo económico en un entrono de ausencia de propiedad lo que permite la competencia entre usos alternativos para un mismo recursos, lo que a su vez posibilita la formación de precios que reflejen en cada momento la escasez relativa de los bienes y sirven para disciplinar el comportamiento de los agentes económicos. Esto era lo mismo que afirmar la imposibilidad de establecer el socialismo como sistema de dirección económica para el mundo entero, la gran pretensión de los comunistas soviéticos.

No hace falta recordar que el grueso de advertencias lanzadas por Mises desde los años veinte de la pasada centuria fueron desoídas. Tras la Revolución de octubre, Europa se sumergió en uno de los periodos más oscuros de la Historia universal donde más de cien millones de personas murieron en el transcurso del siglo XX a causa de alguna u otra forma de totalitarismo colectivista. Pese a la crudeza de estas experiencias, nuestro tiempo no es ajeno a la ensoñación de pretender dirigir la economía de forma planificada e imponer soluciones desde arriba –aunque sea mediante sistemas democráticos – . La lectura de Socialismo de Mises resulta hoy tan vigente como en 1922 cuando se publicó por primera vez.

Saliendo de una importante exposición de arte en Nueva York, uno de los reporteros le preguntó a Dalí: “¿Qué hay de nuevo en la pintura maestro?” A lo que el genio del Ampurdán respondió de forma automática: “Velázquez.” Sucede hoy lo mismo con Mises y las ciencias sociales.

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Luis Torras

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